¿La fe exige resistencia?

miércoles, 01.12.2021

La respuesta es sí. La resiliencia mental no sólo se hereda, también puede moldearse. Un factor clave de la resiliencia es la fe.

Lo que a otros les desvía por completo del rumbo no puede afectarles: Las personas resilientes no se dejan doblegar por el estrés y los golpes del destino. Encuentran un grano de bien incluso en el mayor de los males y están firmemente convencidas de que sus acciones pueden marcar la diferencia. Incluso bajo el mayor estrés, rinden al máximo y, como si llevaran un escudo invisible, hasta los ataques personales parecen rebotar en ellas. Pero, ¿de dónde viene esta resistencia especial?

Aunque a veces pueda parecerlo, la resiliencia no tiene nada que ver con el endurecimiento o incluso con la frialdad. Todo lo contrario. La resiliencia es el resultado de una actitud especial ante la vida. Es la fuerza de no quebrarse ante la adversidad, sino de mostrarse resiliente. Aunque durante mucho tiempo se supuso que la resiliencia mental era un golpe de suerte innato, ahora hay pruebas suficientes que lo demuestran: La resiliencia puede, en su mayor parte, adquirirse. Lea aquí para saber qué nos hace resilientes y qué papel desempeña en ello la fe cristiana:

 

Reforzar la confianza

La resiliencia ya puede fomentarse en los niños. Las personas adquieren confianza en sus propias fuerzas y capacidades cuando son niños y, como resultado, se vuelven resilientes. Los padres pueden influir positivamente en este proceso creando un vínculo estable con sus hijos, tomándose en serio sus necesidades y confiando en ellos. La confianza también desempeña un papel clave en la fe cristiana. Un vistazo a la Biblia lo demuestra: Los que confían en Dios salen fortalecidos de cada crisis. Dios está siempre a nuestro lado, a lo largo de toda nuestra vida. El cuento "Huellas en la arena", de Margaret Fishback Powers, también habla de esto:

Una noche tuve un sueño. Caminaba junto al mar con mi maestro. Contra el oscuro cielo nocturno, las imágenes de mi vida brillaban como rayos de luz. Y cada vez veía dos huellas en la arena, la mía y la de mi Señor. Cuando la última imagen pasó ante mis ojos, miré hacia atrás. Me sorprendí al descubrir que en muchos lugares del camino de mi vida sólo había una huella, y eran los momentos más difíciles de mi vida. Preocupado, pregunté al Señor: "Señor, cuando empecé a seguirte, prometiste estar conmigo en todos mis caminos, pero ahora descubro que en los momentos más difíciles de mi vida sólo hay una huella en la arena. ¿Por qué me dejaste solo cuando más te necesitaba?". Él respondió: "Mi querida hija, te amo y nunca te dejaré sola, especialmente en los momentos de necesidad y dificultad. Donde tú sólo veías un rastro, yo te llevaba". 

La confianza de no estar solo, sino de contar con el apoyo de Dios, es como un pozo interior del que los cristianos creyentes sacan fuerzas. Fuerza para afrontar nuevas situaciones con flexibilidad. Fuerza para afrontar los golpes del destino. Fuerza para levantarse y seguir adelante. Su fe en Dios refuerza su actitud positiva y les da estabilidad. Al fin y al cabo, incluso las personas resilientes no están exentas de experimentar el sufrimiento y la derrota. La diferencia es que quienes confían en que todo saldrá bien también tienen el coraje de partir hacia nuevas costas.

 

Juntos fuertes

Además de la confianza en Dios, formar parte de una comunidad cristiana es también un factor clave que puede hacer que las personas de fe sean resilientes. El mero hecho de saber que no están solas en una situación de crisis les da la confianza en sí mismas que necesitan para afrontar mejor el estrés psicológico. El hecho de que las personas de fe sean más capaces de superar la crisis del coronavirus también se demuestra en el estudio "Jóvenes alemanes 2021". Según el estudio, los jóvenes con una fe fuerte se sienten menos agobiados por la pandemia. Por tanto, una relación personal con Dios nos fortalece en tiempos de crisis, tal como ilustra la historia de las "huellas en la arena": en las mayores penurias y dificultades, somos llevados por Dios.